El Espectro Platónico (Spanish version)

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“¡El mundo está lleno de luz!” gritan a tu lado, y las voces no te dejan pensar. Buscas un rincón de silencio, un refugio de soledad desde donde mirar antes de hablar. Allí la luz casi parece oscuridad. Algo falta en esta caverna, algo más debe existir afuera. Pero los demás sólo ven lo que la luz enseña, y sólo tú pareces sentir las cadenas.

Tiras una vez, otra, otra más, hasta que saltan las argollas. Ese ruido desconocido atrae la atención, y ahora gritos de rechazo se giran hacia ti. Consigues alzar tu cuerpo tembloroso para dar el primer paso. Tus piernas aletargadas tropiezan con las cadenas, y caes hacia las voces. Pero nadie te retiene, para eso tendrían que moverse por sí mismos. Te levantas una vez más, y a un paso le siguen otros. Los gritos son ya ecos en la lejanía.

El exterior se abre ante ti. Cegado, ves más que nunca. Reconoces la luz como un pedazo de todo un espectro antes invisible: rayos que oscurecen tu piel a plena luz del día, destellos que te dejarían ciego sin ser vistos. Si antes la luz no era suficiente, ahora el espectro te satura. Buscas entender a ciegas, arañando una fibra de entendimiento. Tu propio pensamiento te agota. Te queda sólo un último aliento, y vuelves con él a la caverna.

“Hay algo más ahí fuera. Lo visible no lo es todo”, dices, pero ya el murmullo indignado se convierte en un aullido más alto que tu voz calmada. “¡Loco!” te gritan, pues no gritas con ellos. Esa palabra resuena en tu interior con ecos de duda, y por momentos buscas cobijo en la oscura luz de la caverna. Pero tú viste más, aún ves más, y poco a poco oyes menos a los que gritan.

La luz habla más alto que la multitud, y te sostiene cuando te levantas. La segunda vez cuesta menos salir al exterior, y menos aún la tercera. Tras varios viajes entendiste el espectro. No es más que una extensión de la luz, alguna más vibrante, otra menos. Tan fácil como cambiar de color, tan difícil como escuchar en silencio.

Ahora ves cómo el exterior influye en la caverna, cómo la una es parte del otro. Algo has entendido, y algo puedes cambiar. Puedes incluso aprovechar esa energía invisible para mejorar la caverna. Una pequeña invención aquí, un pequeño ajuste allá, y la caverna es ahora un lugar más cómodo. Celebras tanto tu logro, que casi esperas encontrar aceptación ahí dentro, admiración incluso.

Y aunque la gente utiliza tus invenciones, a la vez desprecia, en voz más o menos baja, tu locura. Unos pocos te admiran sin comprenderte, mientras los demás olvidan que eres tú quien trajo las mejoras. Ya todos esperan las siguientes novedades sin preocuparse de dónde vienen. Y ya no encuentras fuerzas, ni fuera ni dentro de ti, para el próximo viaje. El ruido vuelve a crecer en tus oídos y te perfora los tímpanos. Quizá deberías dejarlo, quizá deberías gritar con los demás. Parece liberador de alguna forma.

Con la energía que ya no queda miras a tu alrededor una vez más, y al fin, ves algo diferente. Algo brilla allí en la oscuridad. Donde los gritos casi no te dejan ver, un espejo te devuelve la mirada. A lo lejos otro loco calla, otro loco mira. Él también quedó cegado con la luz de afuera, él también pensó colores imposibles. Una locura tal vez distinta a la tuya, sí, pero una locura al fin y al cabo.

Al ver esta luz la caverna queda muda. Las cadenas caen a vuestro lado y no parecen existir. El camino a la salida es más fácil sabiendo ahora que alguien espera. Os encontráis más allá de las voces, y vuestro silencio basta para presentaros. Y no andáis, corréis el uno al lado del otro hacia esas luces invisibles. Demasiado bien sabéis que al final del día habrá que volver a la caverna, pero para vosotros el camino de vuelta al exterior estará ya siempre abierto.

La ciencia detrás de la historia

Este relato es una ampliación del mito de la Caverna de Platón para explicar el Espectro Electromagnético. En la historia original los habitantes de la caverna sólo ven sombras de los objetos reales, mientras todo un mundo real espera fuera de la caverna.

Para los científicos e ingenieros la luz que todos vemos es sólo una parte de todo un espectro, cuyas regiones se caracterizan por tener distinta frecuencia de vibración. Así, además de la luz visible, existen otras ondas electromagnéticas. Por ejemplo, los conocidos rayos UVA son los que “oscurecen tu piel a plena luz del día y los rayos gamma son los “destellos que te dejarían ciego sin ser vistos”. Las microondas, los rayos X, los infrarrojos y las ondas de radio completan el espectro.


Foto: Public Domain Images – Cave Red Rocks Light Beam Cavern

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